8 jun 2010

El cementerio de Colon


Por Magaly Aguilera

Forma parte de la cultura cubana. El cementerio Colon constituye un singular conjunto de historias en las que se entremezcla el amor, el odio, la fidelidad y el heroísmo dando lugar a infinidad de mito

El cementerio de Colon cuenta con 56 hectáreas, lo que la coloca como una de las necrópolis mayores del mundo solo detrás de Italia, Francia y España.

Haciendo un poco de historia debemos recordar que hasta el siglo XIX, la ciudad de La Habana estaba protegida por una muralla, que la resguardaba de los corsarios y piratas. En el exterior se encontraba el primer camposanto de lo que era una villa, el cementerio general de la Habana, “Espada”, pero el crecimiento hizo insuficiente su tamaño y fue derribado para construir la nueva necrópolis en los terrenos de San Antonio Chiquito.


La primera piedra fue puesta el 30 de octubre de 1871, comenzando de esa manera uno de los cementerios más imponentes del mundo. El arquitecto fue el español Calixto de Loira y Cardoso, quien fue el diseñador original de la famosa “Puerta de la Paz” donde se aprecia la representación de las tres virtudes cristianas: Fe, esperanza y caridad. Cuando atravesamos el portón nos encontramos con una hermosa vista de la capilla central, situada en el centro del trazado de la cruz griega que sirve como división de sus cuatro zonas principales.


Durante mucho tiempo han sido infinidad de artista los que han marcado su huella, por lo que se aprecian una curiosa variedad de técnicas y materiales diferentes en mármoles, bronce o hierro fundido. Los estilos románticos, gótico, bizantino, clásico o art deco, afloran en estructuras escalonadas, figuras alegóricas, cúpulas y columnas.


En la época de la apertura las parcelas para la construcción de panteones fueron vendidas por 30 monedas de oro, e iban bajando los precios según el terreno se fuera alejando de la Puerta de la Paz y de la capilla principal. Una de las cosas que llama la atención es que a los negros aunque se les vendía un terreno dentro el camposanto por una moneda de oro, solo podían ser enterrados en la zona más marginada y sin pasar por la capilla. Una anécdota triste de una época que debe avergonzarnos.


Las historia se entrecruzan de una manera única, pero la más conocida es la historia de Amelia Goyri, conocida con el sobrenombre de la milagrosa.


Cuenta la historia que Amelia perteneció a la alta burguesía cubana y en plena adolescencia se enamoro de su primo Vicente, cosa que no conto con la aprobación de su familia. De todos modos contrajeron matrimonio, salió en estado y tuvo un parto prematuro a los ocho meses, falleciendo tanto Amelia como el bebe que llevaba en su vientre.


El joven viudo con solo veinticuatro años se dedico durante los próximos cuarenta años a visitar a diario al único amor e su vida, vestido completamente de luto. Cuentan que entraba, tocaba las argollas y le decía “Despierta que aquí está tu amado”, después se retiraba caminando de espalda hacia la calle porque según el nunca se le da la espalda a una dama. Cuando en 1914 murió su padre y decidió enterrarlo junto a su esposa al abrir el ataúd, encontraron el cuerpo de Amalia incorrupto y a la niña que había sido enterrada a los pies de la madre, en los brazos de ella. Todos los presentes comenzaron a gritar “milagro “y con el paso del tiempo fue conocida como “La Milagrosa” dando lugar al mito que aun hoy existe. La tumba de Amalia es la más visitada de todo el camposanto , allí nunca faltan las flores y hacen el ritual de entrar de frente, tocar las argollas, pedir un deseo, tocar la estatua que custodia el monumento funerario, dar una vuelta completa a la tumba y se retirarse sin dar la espalda.


En definitiva nos muestra un maravilloso museo, una obra monumental, que fue declarada monumento nacional. Lleno de historias reales que nos trasladan en el tiempo. Un orgullo de nuestra Cuba de ayer, de hoy de siempre.


http://magalyaguilerawebs.com

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