23 oct. 2012

GUILLERMO DESCALZI: El último debate






El presidente Barack Obama (der.) y el candidato republicano, Mitt Romney, protagonizan el tercer y último debate el lunes por la noche, en la Universidad Lynn, en Boca Raton.
RICK WILIKIN / AFP/GETTY IMAGES
Tampoco tenemos ni tantas bayonetas ni tantos caballos, y con esa frase las bayonetas de Obama encontraron carne en respuesta a la queja de Romney sobre la cantidad de navíos en nuestra armada. Romney se reveló en el último debate como un improvisado en seguridad nacional. Atacó con argumentos que ni supo ni pudo sostener. Si llega al poder entregará la defensa y diplomacia del país a un grupo de neoconservadores más radicales que Barry Goldwater en 1964, cuando quiso usar la bomba atómica en Viet Nam. Romney intervendría en los múltiples conflictos del Oriente Medio, uno tras otro, porque Estados Unidos, dice, ‘ should lead’, debe liderar. Lo principal de la contienda, en todo caso, terminó para todo efecto práctico con el debate. Demócratas y republicanos están ahora en campañas de saturación enfocadas en los indecisos. Hay consideraciones que debiesen aclararles el panorama a estos últimos. Una es que Romney cambia como veleta al viento. Los suyos son cambios tácticos que se resumen con ‘el fin justifica los medios’. Lo curioso es que es un argumento muy del manual de tácticas rojas, y una vez más los extremos se unen.
La economía anda mal. La deuda nacional es astronómica. Hemos perdido gran parte de nuestra industria. El valor del dólar es una fracción de lo que fue. Obama ha desilusionado. La oposición republicana a su gobierno es ciega, absoluta y desleal al país. Si hubiese sido leal hubiera tenido en cuenta el interés de la nación. Hay demasiados ejemplos donde no ha sido así. Obama, sin el bloqueo republicano, pudo ser más efectivo. Sacarlo de la Casa Blanca sería premiar esa oposición, desleal no a él sino a la nación.
Romney, ya es de todos conocido, cambia de cara según la ocasión. ¿Confiarían en alguien así? El problema aquí está en su verdad, en órbita alrededor de la economía, vestida con conceptos de pureza, rectitud moral y temor a Dios. Es una verdad que tiene más de mercantilista que de capitalista. El mercantilismo imperó en España en su época de gloria, entre el siglo XV y el inicio del XIX, y aniquiló su industria. La riqueza de las colonias hizo que en la Península Ibérica se pudiese comprar de todo sin tener que manufacturar cosa alguna allá. Hoy, siglos después, España y Portugal siguen sin terminar de recuperarse de la catástrofe que les dejó su bonanza. Lo mismo ocurre aquí, hoy, en Estados Unidos. Nuestras élites gerenciales, financiera, industrial y comercial, traen del extranjero todo lo que pueden. Saben que están matando la producción nacional pero siguen el esquema mercantilista porque los dejará como dejó a la élite española, sentada en bancos de oro por generaciones. Nuestros capitalistas mercantilistas evaden la industria nacional porque se enriquecen tan extravagantemente que a ellos también les durará el dinero por generaciones. Obama es un obstáculo a su lugar en las mesetas del gran poder económico. Les está aguando la fiesta con la incómoda y fea verdad del momento. Ven en Romney a su salvador, un salvador que acabará a la larga, si gana, ahogando al país más de lo ahogado que ya está hoy.

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