17 feb. 2013

La destrucción del terrorismo

El Nuevo Herald
Columna:  PERSPECTIVA
15 de febrero del 2013

Por Jorge Gastón



El terrorismo sigue ganando fuerza. El mundo se ha alejado del peligro de una conflagración atómica. Los países poseedores de armas nucleares han llegado a la conclusión de que al usarlas no habría vencedores ni vencidos; sólo muerte y desolación en el planeta. Sin embargo, los países democráticos deben llegar a otra conclusión: estamos siendo atacados por un enemigo despiadado: el terrorismo islámico. Los musulmanes constituyen el 25% de la población mundial. La inmensa mayoría de ellos vive en perfecta armonía con el resto del mundo. Pero el terrorismo practicado por algunos grupos radicales es peor que el comunismo porque creen, equivocadamente, que su dios, Alá, los protege y los induce al crimen y eventualmente a un control universal.
Nosotros, "infieles" para los musulmanes fundamentalistas, sabemos que tenemos que luchar contra un enemigo brutal y decidido.
Después de la muerte-ajusticiamiento de Osama Bin Laden, otros dirigentes fanáticos religiosos radicales, basándose en un Corán interpretado a su modo y conveniencia, prometen a los que se inmolan una vida llena de gozos en el cielo, a la diestra de Alá, donde disfrutarían de un río de miel sin fin. Mueren felices por su causa sin importarles que en cada atentado perezcan civiles inocentes, como sucedió en las Torres Gemelas, Londres y en otras ciudades.
Solamente contra Estados Unidos, y mucho antes del 9-11, comenzaron sus agresiones. En 1979 capturaron como rehenes a los funcionarios de la embajada en Irán, liberándolos después de más de un año de negociaciones con el gobierno del presidente Carter; en 1983 la embajada en Beirut fue atacada con saldo de muchos muertos y heridos; en ese mismo año fueron las barracas de marines en el Líbano; en 1988 en Lockerbie, Escocia, derribaron un avión de Pan American, y todos los pasajeros y tripulantes pereciendo; en 1993 tuvo lugar el primer ataque a las torres gemelas en Nueva York con bombas en los sótanos; en 1996, agredieron un complejo militar estadounidense en Dhahran, Arabia Saudita; en Nairobi, Kenya, fue la embajada norteamericana en 1998; ese mismo año hubo otro atentado contra la embajada de Dar es Salaam, Tanzania; en Yemen la nave USS Cole fue torpedeada en el año 2000, con un saldo de varios marinos muertos. Y lo más reciente: el ataque al consulado norteamericano en Bengasi, en el aniversario del ataque a las torres gemelas. Allí asesinaron al embajador Chris Stevens y a tres funcionarios más.
Por su parte las estadísticas de Rand Corporation muestran que ha habido miles de muertos por terrorismo en todo el mundo.
Cynthia Combs, de la Universidad de Carolina del Norte, coautora de la enciclopedia del terrorismo, señaló que el movimiento dejó de apuntar hacia la aviación, cuya seguridad se ha visto reforzada después del 9-11, concentrándose ahora en un objetivo más "blando" del tránsito de masas y locales de importancia.
Las células terroristas diseminadas por todo el mundo constituyen una especie de ejército invisible muy difícil de combatir. Ya es hora de que vayamos hacia la creación de un organismo mundial dedicado por entero a localizarlas y neutralizarlas. Integrado por los departamentos de inteligencia y contrainteligencia de todos los países "infieles", empleando los medios tecnológicos más avanzados. Si así lo hacemos, nos libraremos de ellos.
La destrucción del terrorismo islámico y los de otros matices será la paz del mundo.
¿Será ésta la causa que por fin logre lo que siempre ha parecido imposible: la unidad de todas las naciones luchando por un objetivo común?


Anonimo/AP

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