18 ene 2014

ANDRES HERNANDEZ ALENDE: El culto a las armas











 

Policías y personal de emergencia responden a un tiroteo en el supermercado Martin’s, en Elkhart, Indiana, en la noche del miércoles. Un hombre de 22 años mató a dos mujeres y se disponía a disparar contra otra persona cuando los agentes llegaron.
JON GARCIA / AP

Nuevas víctimas de la violencia con armas de fuego: en un cine de Tampa, un ex policía de 71 años le dio un balazo mortal a un hombre por estar enviando mensajes de texto. En una escuela de Roswell, en Nuevo México (una ciudad famosa por la supuesta caída de una nave extraterrestre en 1947), un niño de 12 años abrió fuego contra otros estudiantes. Hubo varios heridos. El jueves, en Elkhart, Indiana, un hombre de veintitantos años entró en un supermercado y mató a tiros a una empleada del establecimiento y a una compradora. La policía acudió rápidamente y ultimó al asesino. Hasta el momento, no se ha podido establecer ninguna relación entre el homicida y sus víctimas.
Noticias como estas aparecen con inquietante frecuencia en los medios. Tiroteos sin sentido que nos llenan de pavor y de incertidumbre. ¿Por qué el ex policía disparó contra alguien que usaba su celular en un cine? ¿Cómo es posible que un niño de 12 años manejara perfectamente una escopeta de cartuchos con la que hirió a sus compañeros y al profesor que logró desarmarlo? La enorme cantidad y el extendido uso de las armas de fuego en los Estados Unidos alcanzan proporciones alarmantes.
No es que la tasa de crímenes en los Estados Unidos figure entre las más altas del mundo, como uno pudiera pensar al leer los titulares. Según la Oficina de las Naciones Unidas sobre Drogas y Crimen, la tasa de homicidios intencionales en los Estados Unidos fue de 4.7 por cada 100,000 habitantes en el 2012, nada comparable a la de Venezuela (45.1) o al escalofriante índice de Honduras (91.6). Pero muy por encima de la cifra de Europa Occidental (un homicidio por cada 100,000 habitantes), de Australia (también uno), de Japón (0.3) y de Polinesia (0.1).
Las causas de la violencia con armas de fuego son muy variadas. Pero el acceso a las armas (fácil en los Estados Unidos, limitado en Europa Occidental), ¿acaso no incide en la tasa de homicidios? Ese es el eje de la polémica nacional entre los partidarios de la posesión de armas y los partidarios del desarme, una controversia en la cual hasta ahora los primeros van ganando.
En los Estados Unidos, la justificación para comprar una pistola automática o un fusil de guerra, para convertir el sótano de la casa en un arsenal, tiene su origen en la Constitución. La Segunda Enmienda expresa: “Una milicia bien regulada, siendo necesaria para la seguridad de un Estado libre, el derecho del pueblo a poseer y portar armas no será infringido”. Este texto de redacción ambigua es el fundamento de los defensores de las armas.
Pero la enmienda se refería a una milicia, es decir, a una fuerza armada, necesaria en esos tiempos para defenderse de un intento de la Corona británica por recuperar sus posesiones americanas. Era conveniente que los ciudadanos de la recién formada nación estuviesen armados para acudir con sus mosquetes al llamado de la patria en caso de un ataque de los ingleses, o para defenderse de los indígenas a quienes habían despojado de sus tierras. Pero hoy los Estados Unidos cuentan con un ejército profesional, el mejor equipado del mundo, la maquinaria militar más poderosa de la historia. No hay necesidad de que el vecino se atrinchere en su casa con un par de escopetas y un perro feroz. Y además, en caso de que el Estado nos quisiera privar de nuestras libertades, como temen algunos partidarios de las armas, ¿servirá un fusil o una pistola frente a los cazabombarderos y los drones?
En la mira hay un asunto económico. La venta de armas es un negocio multimillonario. Invocar la Segunda Enmienda con gesto patriótico, con devoción casi religiosa, y a la vez promover la defensa personal frente a enemigos –reales o supuestos– que nos acechan constantemente, han arraigado en la nación un lucrativo y mortífero culto a las armas. Una cultura de la violencia que a algunos les da jugosos dividendos mientras los tiroteos siguen haciendo titulares.
Coordinador de Perspectiva.

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