18 jul. 2012

Cuba propina severo golpe a los envíos a la isla



JTAMAYO@ELNUEVOHERALD.COM

Afirman que los nuevos aranceles están destinados a incrementar las remesas
La manicurista de La Habana recibe su pintura de uñas de una hermana en Tampa, y el dueño de un restaurante afirma que le envían sus condimentos Goya desde Miami a través de una “mula”, alguien que vuela a Cuba sólo para entregar maletas cargadas de artículos.
Una mujer de Miami envía mensualmente a su madre paquetes de un promedio de 20 libras de alimentos y ropa para revender, y un maestro de La Habana dice que compró sus jeans nuevos a un amigo que revende ropa traída por “mulas” desde Hialeah.
De muchas maneras diferentes, los residentes en la isla se benefician en abundancia del torrente de bienes estadounidenses que está llegando desde que el presidente Barack Obama levantara en el 2009 prácticamente todas las restricciones a cubanoamericanos a los viajes y envíos de paquetes.
Pero ahora el gobierno de Raúl Castro está subiendo las tarifas de importación de estos artículos, al parecer tratando de presionar a los emigrados a enviar en su lugar dinero en efectivo, sacarle mayores ganancias al comercio de artículos de importación y combatir el descenso de la venta en las tiendas estatales.
Los aumentos afectarán en especial a los miles de mininegocios, desde puestos de pizza en las esquinas a peluquerías, que han florecido en toda la isla tras las medidas de Castro para tratar de estimular la empresa privada y recortar los gastos del gobierno comunista.
“Esto va a ser un golpe muy duro en Cuba. Un golpe fuerte, fuerte, fuerte”, declaró Alberto Diéguez, dueño de Caribe Express en Miami, quien estimó que tendrá que subir el precio de los paquetes que envía a Cuba, de $3.50 la libra a $5.50.
Los artículos que llegan a Cuba —desde computadoras, televisores, juegos de video, herramientas, DVD y perfumes hasta piezas de repuesto para carros y motocicletas— fueron valorados entre $2,000 y $2,500 millones sólo en el 2011 por Emilio Morales, presidente de Havana Consulting Group en Miami. Alrededor del 90 por ciento de los artículos procedían de Estados Unidos, añadió.
Diéguez dijo que las nuevas tarifas —una puesta en vigor el 18 de junio y otras que entrarán en vigor el 2 de agosto y el 3 de septiembre— afectan en especial a los lotes más grandes de artículos que llegan, debido a sospechas de que están destinados a uso comercial. Los residentes cubanos que regresan del extranjero pagarán las tarifas con más frecuencia en pesos cubanos, mientras que visitantes de Estados Unidos pagarán en CUC, equivalentes a 26 pesos.
Más de 400,000 cubanos que viven en Estados Unidos visitaron la isla el año pasado. Otros que viven en terceros países, especialmente en Ecuador y México, así como cubanos que regresan de viajes al extranjero, también atestan sus valijas para volar a La Habana.
Debido a que en la isla no hay tiendas al por mayor, los artículos que llegan con los viajeros y en paquetes proveen a muchos de los nuevos negocios, incluyendo cuero para los zapateros, globos para los payasos y la ropa y la bisutería que se vende en quioscos callejeros.
José Antonio, quien es propietario de un “paladar” en La Habana Vieja, se quejó de que ya tiene que pagar impuestos y tarifas fijos, sin importar sus ingresos reales, y ahora tendrá que pagarle más a la “mula” que le trae condimentos Goya y Coffeemate.



Cuba propina severo golpe a los envíos a la isla



JTAMAYO@ELNUEVOHERALD.COM

Nelly, una manicurista de La Habana, dijo que prefería conseguir su pintura de uñas en el extranjero porque la de las tiendas estatales es más cara y a menudo se acaba. Enrique dice que pagó a una mula $19 por jeans de una calidad mucho mejor que los que se venden en las tiendas estatales por $25.
“Si uno quiere algo de calidad, a buen precio, uno va a los amigos y nunca a las tiendas del estado”, dijo Nelly, quien lo mismo que otros residentes de la isla entrevistados para esta historia pidió conservar el anonimato porque sus actividades comerciales no siempre son legales.
El aumento en los aranceles y tarifas de importación ha suscitado cuestionamientos sobre por qué el gobierno cubano ha lanzado semejante nube negra sobre las pequeñas empresas privadas que Castro ha estado tratando de promover desde que sucediera oficialmente en el poder a su hermano Fidel Castro en el 2008.
Morales afirmó que creía que los aumentos eran parte de un esfuerzo por parte de comunistas de línea dura para recuperar cierto control sobre los negocios privados y obligar a los emigrados en el extranjero a enviar menos artículos y más efectivo, que los cubanos tendrán entonces que gastar en las tiendas estatales.
“Este es el temor a una apertura [económica] que ellos siempre han tenido”, comentó a El Nuevo Herald. “A ellos no les gusta que haya mucho dinero flotando en la calle”.
Algunos de los nuevos empresarios se han quejado de crecientes controles estatales, tales como inspecciones más numerosas y exigentes, y se reporta que funcionarios del gobierno han llamado a obligar a los “trabajadores por cuenta propia” a unirse a actividades vecinales tales como la limpieza de calles.
El economista de Miami Marzo Fernández declaró que La Habana “necesita efectivo con extrema urgencia”, y señaló que los activos bancarios cubanos en el extranjero reportados por Bank for International Settlement bajaron de $5,650 millones a $4,100 millones en los últimos tres meses del 2011.
El periodista disidente de La Habana Iván García escribió recientemente que el gobierno también está tratando de “ordeñar a los exiliados” porque “en el fondo odian a los emigrados. Los ven como traidores...[que] huyeron en balsa o en avión, a cobijarse en la tierra de su enemigo número uno”. Se espera que el gobierno cubano apruebe pronto cambios en sus regulaciones migratorias que harían más atractivos a los emigrados invertir y regresar a la isla.
Castro abrió una ventana a la empresa privada como parte de su esfuerzo por energizar la economía eliminando casi un millón de trabajadores de las nóminas estatales, recortando los gastos de salud pública, educación e importación de alimentos, entregando millones de hectáreas de tierras estatales a campesinos particulares y atrayendo mayores inversiones extranjeras.
Pero ha tomado un camino largo y lento, advirtiendo durante los dos últimos años que, aunque Cuba está al borde del caos económico, sus reformas económicas tienen que llevarse a cabo “sin prisa pero sin pausa”.
Ha habido pocos cambios visibles desde que el crucial VI Congreso del Partido Comunista diera su aprobación en abril del año pasado al paquete de reformas, mientras que se han reportado críticas contra burócratas y funcionarios corruptos que se oponen a las reformas.
José Antonio, el dueño del “paladar”, recordó que abrió sus puertas a principios de la década de 1990, cuando el colapso de los subsidios soviéticos a Cuba obligó a Fidel Castro, quien nacionalizó todos los negocios de la isla en 1968, a aprobar una reapertura limitada de la empresa privada.
Pero, a medida que Cuba se recuperó del choque en la segunda mitad de los años 90, Castro empezó a dar marcha atrás en su apertura, con inspectores de impuestos y salud pública ejerciendo controles cada vez más estrictos sobre los pequeños negocios hasta que muchos cerraron sus puertas.
“Tengo unos años de experiencia y por eso me preocupo”, señaló José Antonio. A principios de la década de 1990, “empezamos 30 paladares en La Habana Vieja y quedamos cinco. Ahora somos casi 30 otra vez pero no sé si lograré seguir trabajando, con estas nuevas tarifas”.

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