10 jul. 2012




Cubanuestra.eumiércoles, 8 de junio de 2011


Un pubis como una isla: el origen del mundo


De todas las clasificaciones que he leído sobre este cuadro de CourbetL´Origine du mondeen ninguna se dice que este pubis también pudiera ser la metáfora de una isla. Un paraísoperdido que mitificó un poeta inglés, y otro poeta cubano menor, yo, quien al ver el cuadro por primera vez en el Musée  d´ Orsay en la ribera del Sena, quedé absolutamente fascinado ante su marcada sensualidad y advertí que sus vellos enmarañados como un jardín inglés, solo podían ser una isla. Ésa que yo acababa de abandonar faltando treinta y dos días para el fin del siglo XX. En esa visión no estaba solo, iba de la mano de otro pubis, que años más tarde me acercó a la entrada de esa gruta de carne por donde salió mi hija, que me hizo entender por primera vez, el sentido de
este origen del mundo.
La superficie donde reposa este pubis ahora representa en mí la balsa de piedra de la península ibérica, donde he encontrado un espacio para sobrevivir cerca de un mar sin olas: el Mediterráneo.
Los dos párrafos anteriores no tuvieran ningún sentido si no me hubiese empezado a leer hace tres días un ensayo llamado El origen del mundo (Historia de un cuadro de Gustave Courbet) de Thierry Savatier, editado en España por ediciones Trea, en sep-2009, con 303 páginas No es un ensayo al uso, su narrativa coquetea con la novela y mantiene la seducción investigativa de series televisivas como CSI Las Vegas, confieso que voy andando por el siglo XIX con Savatier como si lo conociera de toda la vida. Arroja tanta luz de esta época, entre cortesanas, salones de encuentro y familiares de Napoleón que da gusto tener esta puerta por donde entrar a este baile impactado por esta gruta.

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