2 sept. 2012


PEDRO CAVIEDES: El mundo imaginario de los republicanos



 

Los participantes en la Convención Republicana vitorean a los candidatos el último día del evento, en Tampa, el jueves pasado.
Los participantes en la Convención Republicana vitorean a los candidatos el último día del evento, en Tampa, el jueves pasado.
JUSTIN SULLIVAN / GETTY IMAGES
Acabó, con el discurso de su candidato, el jueves, la Convención Republicana. Un día antes su compañero de fórmula pronunció lo que la mayoría de los medios de comunicación han titulado el discurso más mentiroso de la historia del país. Fue tan lejos Paul Ryan que acusó al presidente Obama de haber ordenado el cierre de una planta de GM en su estado natal de Wisconsin, cuando la planta fue cerrada durante el gobierno del anterior presidente. Después dijo que es un deber de las sociedades encargarse de la protección de quienes ya no pueden cuidarse. Él, que quiere convertir el Medicare en un sistema de vouchers. Yo diría que además de mentiroso, ese discurso fue de un cinismo absoluto.
Pero es que esa noche, la del miércoles, fue la noche del cinismo. O cómo podemos llamarle a un evento en el que la anterior secretaria de Estado, la de la guerra por encima de la ONU pagada con dinero prestado a China, la que mantuvo una confrontación constante con la mayoría de los aliados históricos, la del gobierno que se alió con el dictador Gadafi (quien decía adorarla), la que compraba zapatos en Manhattan mientras Nueva Orleans se hundía con el huracán Katrina, Condolezza Rice, tuviera el descaro de proclamar que Estados Unidos tenía que recuperar su liderazgo mundial. Del hueco en que lo dejaron ella y el gobierno que representó, el gobierno del presidente Obama, y la secretaria Clinton, lo sacaron.
Pero el cinismo continuó el jueves. En gran parte de los discursos de esa noche varios de los invitados dedicaron bellas palabras a los padres provenientes de otros países y en general a todos los inmigrantes, porque esta, repitieron, es una nación de inmigrantes. ¿A qué suenan esas palabras dichas en la convención del partido que hundió el Dream Act y proclamó las atroces leyes de Alabama y de Arizona? También dijeron, algunos, que sus padres, héroes que llegaron huyendo de revoluciones y dictaduras (aunque sea mentira) merecían todo el respeto y el aplauso por haber forjado un mejor futuro para sus hijos. Y después preguntan por el certificado de nacimiento del presidente Obama…
El presidente Obama nació en suelo estadounidense. La acusación es falsa. Pero, al interrogarlo tanto, ¿están diciendo que ellos son más excepcionales que sus propios padres, que no nacieron en suelo estadounidense?
Después del bodrio infantil de Clint Eastwood hablándole y mandando a callar a un presidente imaginario, cuestión esta que resumió toda la convención, ya que hablaron todo el tiempo de un gobierno actual imaginario, y de un comportamiento humilde, activo y participativo imaginario de ellos durante este gobierno, Mitt Romney, en uno de los momentos ‘cumbre’ de su aburrido discurso, dijo que siempre que el mundo había necesitado de una gran tarea, allí hubo un estadounidense para hacerla. No sé por qué, a mí me vino a la mente Wiston Churchill.
Quizá fue anticipándome a que alguien así necesitará el mundo después de Romney, tomando en cuenta el final del discurso, si éste llega a ser presidente. Porque, sin decir la palabra, habló de más guerras. No solo con Irán, pues si para él la presión diplomática y las duras sanciones que ha impuesto el presidente Obama no sirven, ¿cuál es la opción que queda? Pero no contento, de repente, retrocediendo en el tiempo para revivir un fantasma de hace más de veinte años, esgrimió una posible confrontación con el gobierno de Rusia.
Pensándolo bien, la última vez cuando el mundo necesitó de una gran tarea, sí hubo un estadounidense que la realizara: Barack Obama. Fue él quien salvó a este país de la caída más exorbitante, cuando se perdían 750,000 empleos al mes; el pacto de la OTAN estaba roto en trocitos; la cúpula de Al Qaida, incluido su máximo líder Osama Bin Laden, y a pesar de dos sangrientas y costosas guerras, andaba suelta planeando atentados y matando; el Golfo de México se desangraba en petróleo; el costo del barril de petróleo había aumentado más de un 200%; 60 millones de estadounidenses, incluidos niños enfermos, no tenían cobertura de salud; el gobierno sacaba billones del bolsillo de los contribuyentes para rescatar a los bancos; después de recibir el país en superávit el anterior gobierno lo entregaba con el peor déficit de su historia; y la China comunista del gobierno represivo y la economía capitalista, emergía como la nueva gran potencia del mundo.
Pero ellos prefieren al imaginario que mandar a callar a Harry el Sucio. Como también llaman imaginario al cambio climático. Y claman porque regresen las prácticas del segundo Bush, como si todo el desastre que a tantos quebró, dejó sin trabajo, sin retiro y sin casa, también fuese fruto de la imaginación de un histrión.

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