28 sept. 2012

OSCAR PEÑA: Cuba y las huelgas de hambre


OSCAR PEÑA

Pido disculpas a la memoria de los que han muerto en huelgas de hambre y a los que están vivos que han llevado a cabo esa acción con verdadero honor, seriedad y entrega, pero no estoy de acuerdo con ese sacrificio y práctica de lucha. No es la vía correcta.
Recurrir a las huelgas de hambre como método de oposición y enfrentamiento a los desmanes y abusos que se llevan a cabo en nuestro suelo por el régimen totalitario es un grave error. La muerte de los presos políticos Pedro Luis Boitel, Orlando Zapata Tamayo y tantos otros debe hacernos concluir que ese no es el mejor camino. El hecho que en varias partes del mundo hayan practicado ese tipo de protesta los cubanos no debemos copiarla. Un error extranjero no justifica un error nacional. No es útil, ni inteligente. Lo meritorio y provechoso es llevar adelante los ideales de libertad con vida y vigor y no aportando cadáveres en una especie de ruleta rusa. Dio resultados con el sacrificio de Guillermo Fariñas, pero podía haber muerto.
Seamos completamente precisos abordando este muy delicado tema. Las huelgas de hambre presentan dilemas como el que las autoridades, familiares y amistades deben acatar y respetar la resolución de la persona que ha decidido hacerla. Incluso hay una ética entre los médicos de reverenciar la voluntad del ciudadano de llevar adelante su decisión. O sea, el principio humanitario impulsa a los clínicos a reanimarlos, pero el respeto a la autonomía individual les impide intervenir cuando el huelguista ha planteado un rechazo serio y formal a no recibir atención médica en ningún momento. Entonces tiene que admitirse esta verdad: técnicamente estamos ante un sacrificio y decisión individual que libera a los gobiernos de las consecuencias de esas decisiones. Y en el caso de Cuba se le está facilitando al régimen no tener que matar o encarcelar a todos sus adversarios porque algunos de ellos deciden por su cuenta y decisión irse de este mundo o herirse.
Personalmente nunca le daría apoyo, valoración o visto bueno a las huelgas de hambre, pero si alguien me insistiera en hacerla y quisiera arrancarme mi más reservada opinión, le diría: si la vas hacer de manera seria, reflexiva y concienzuda, hazla por un objetivo y causa que se sienta identificada la mayoría de la población y no individualmente por una persona. Una huelga de hambre para que pueda aspirar a ser justificada, tener respaldo, apoyo popular y repercusión tiene que ser del interés general y el huelguista debe tener una decisión auténtica.
Debemos evitar el dramatismo y las tragedias nacionales. En la historia cubana tristemente abundan acciones osadas y valientes de sus hijos pero que no han resuelto los problemas. No hay un pueblo de Cuba que no tenga sus calles con nombre de mártires de todos los tiempos, también centros de trabajo y estudiantiles y sin embargo nuestro terruño nunca ha sido un país estable políticamente. Ya es hora de dejar de ser un país de mártires y tratar de ser un país de ciudadanos vivos que luchan diariamente esgrimiendo ideas y razones para demandar derechos. No hay mejor receta para cualquier nación.
Es sobre la realidad cubana que tiene que enfocarse el trabajo de los patriotas de hoy. Ese es el desafío.
¿Cómo es más útil a la nación cubana un activista pro libertad y democracia? ¿Haciendo una huelga de hambre en su casa por la liberación de un preso político o enfrentando el desafío de caminar diariamente las calles y vecindarios rozándose con el pueblo y haciendo la necesaria conciencia de que no son los extranjeros los que tienen que preocuparse por resolver nuestro problema, sino los propios cubanos cívicamente? Definitivamente no es posible para ninguna nación avanzar con ciudadanos indiferentes, insensibles, con la cabeza caída y los jóvenes moviéndose al compás del reggaetón.ad more here: 

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