7 dic. 2013






Rendimos homenaje en el 180 aniversario del nacimiento de
Carlos J. Finlay 



           “Benefactor de la Humanidad
Escrito por María Teresa Villaverde Trujillo   Martes, 03 de Diciembre de 2013   


                    Creación del Día del Médico
El Día del Médico en América fue decretado en el Congreso Médico reunido en Dallas, Texas, en el año 1933, e instaurado a su vez el “Día de la Medicina Americana” eligiéndose el 3 de diciembre en homenaje al Dr. Carlos J. Finlay, en la fecha de su nacimiento. En ese Congreso quedó fehacientemente confirmada la teoría, -ya presentada anteriormente por el Dr. Finlay el 14 de agosto de 1881 en la Academia de Ciencias de La Habana, de que la fiebre amarilla era transmitida por el mosquito Aedes Aegypti.
En septiembre 1935, celebrándose en Madrid, España, el X Congreso Internacional de la Historia de la Medicina, se inició una etapa en defensa de la verdad científica del Dr. Finlay como descubridor del agente trasmisor de la Fiebre Amarilla. No olvidemos que siempre trato de concedersele ese triunfo al Dr. Walter Reed. De ahí la gran importancia que tuvo la aprobación unánime de la moción presentada por la delegación cubana en ese Congreso  bajo la presidencia del Dr. Gregorio Marañón. Allí quedó reconocido que Finlay: 
“… fue el primero en establecer científicamente el principio de la transmisión de las enfermedades infecciosas, del hombre atacado, al hombre sano no inmune,..”
Asimismo se estableció que Finlay formulaba los principios higiénicos para la prevención de la enfermedad tal cual se había hecho efectiva cuando la construcción del Canal de Panama.
Durante la I Asamblea Nacional de la Federación Médica de Cuba en 1942 se acordó fijar en diciembre 3, la celebración del Día del Médico y de la Medicina Latinoamericana, como símbolo del aporte del continente a las Ciencias Médicas.
En 1946 la Confederación Médica Panamericana acordó celebrar el Día Internacional del Médico también en la fecha del nacimiento del Dr. Finlay Barrés, reivindicando el valioso aporte del eminente epidemiólogo y microbiólogo cubano, el descubridor del insecto transmisor del virus de la fiebre amarilla.
Igualmente en la República Argentina por iniciativa del Colegio Médico de Córdoba, avalada por la Confederación Médica Argentina, el 3 de diciembre, se oficializó por decreto del gobierno nacional, Día del Médico, en 1956.
Diciembre 3, 1833   –   Agosto 20, 1915
Carlos Juan Finlay Barrés nació un martes en Puerto Principe, hoy Camagüey, aunque su nombre verdadero de pila fue “Juan Carlos”.  Hijo de un médico inglés y de una madre de origen francés. Su infancia la vivió en la zona de Alquizar en la provincia de La Habana. A los 11 años lo enviaron a Francia a estudiar pero regresó en menos de dos años por sentirse enfermo. Volvió a Francia y más tarde estuvo en Londres, hasta que definitivamente regresa a Cuba convaleciente de una grave enfermedad: fiebre tifoidea.
Estudió la carrera de Medicina en el Jefferson Medical College en Filadelfia en 1855, rivalizando su título en La Habana en 1857. Más tarde realizó estudios en Francia.
De regreso a La Habana realizó estudios sobre la propagación del cólera. Tam-bién estudió el muermo. Des-cribió el primer caso de filaria observado en América; dedi-cándose después definitivamente a investigar la etiología de la fiebre amarilla.
Una casa ubicada en la calle Tulipán el antiguo barrio del Cerro, en La Habana, fue el sitio seleccionado por el Dr. Carlos J. Finlay para imple-mentar el trabajo de laboratorio, como también para realizar gran parte de sus investigaciones científicas.
Acostumbraba realizar caminatas, a veces acompañado por amistades aunque prefería ir solo, porque sentía que le era útil para ejercitar la mente. En ocasiones detenía su marcha cuando pensaba algo importante para sus trabajos e iba anotándolos. Acostumbraba a fumar tabaco en forma de cigarrillos; y abstinente a bebidas alcohólicas.
En 1902 fue nombrado Jefe Superior de Sanidad estructurando el sistema de sanidad del país, encarnando la última epidemia de fiebre amarilla registrada en La Habana en 1905.
Su ausencia total de egoísmo lo llevó a compartir con otros científicos miembros de la Comisión de los Estados Unidos para el estudio de la fiebre amarilla, todos sus voluminosos apuntes y hasta los resultados de sus experimentos.
La memoria de Carlos J. Finlay permanecerá a través de los años como resultado de su gran capacidad de trabajo, y en su tenacidad para mantener sus profundas ideas de investigación.
El agente transmisor
El Dr. Finlay, el más intenso investigador de la fiebre amarilla, concluyó que entre un sujeto infectado y otro sano, había un agente independiente que transmitía la enfermedad. Católico practicante, le confió a un sacerdote que una noche mientras rezaba el rosario, le llamó la atención un mosquito zumbando a su alrededor.  Entonces, dijo al sacerdote, se le ocurrió investigar a los mosquitos. En febrero de 1881 en una conferencia internacional celebrada en Washington, EE.UU., Finlay señaló que todas las evidencias indicaban que la fiebre amarilla sólo podía ser trasmitida por un “agente intermediario”. 
En agosto del mismo año, en conferencia pronunciada en la Academia de Ciencias de La Habana, identificó a dicho agente como el mosquito, hoy conocido como Aëdes aegypti.
Este trabajo fue publicado en los Anales de dicha institución ese mismo año.
Honores otorgados al Dr. Finlay
Foto cortesia de la Universidad de Virginia
Claude Moore Health Sciences Library

Dr. Finlay -sentado a la izquierda- en la reunión en La Habana
con renombrados médicos de la Salud Publica de Estados Unidos. 

Es a destacar en la intensa obra creadora del investigador en su encuentro en 1900 con importantes miembros de la Cuarta Comisión Médica del Ejército Norteamericano que arribó a Cuba con la estricta finalidad de comprobar la propia teoría del médico cubano sobre el trasmisor de la fiebre amarilla. El Dr. Finlay les facilitó sin reparo alguno todas las pruebas fehacientes tales como documentos, experiencias científicas y huevos de mosquitos; siempre mostrándose como un profesional al servicio del bienestar del ser humano.
El Dr. Finlay fue propuesto para el Premio Nobel por dos ganadores del mismo: Ronald Ross (de Inglaterra) ganador del Premio Nobel en Fisiología y Medicina en 1902, y Alphonse Laverán (de Francia) ganador del Premio Nobel en Fisiología y Medicina en 1907. Pero en esa época el premio sólo se adjudicaba a científicos europeos.  No obstante, el Dr. Finlay recibió valiosas distinciones otorgadas por instituciones de Gran Bretaña y Francia.
...en la mañana de noviembre 4 de 1907 recibió la Medalla Mary Kingsley, la distinción más alta otorgada por la Escuela de Medicina Tropical de Liverpool, Gran Bretaña, y fue el primer latinoamericano en obtenerla, recibiéndola en un acto solemne en la Universidad de La Habana, en ceremonia presidida por Charles E. Magoon, Gobernador Provisional de la República, y presentes distintas representaciones del Gobierno cubano, de la Universidad de La Habana, del Cuerpo Diplomático acreditado en Cuba y otras importantes personalidades de la ciencia y la cultura.
Mary H. Kingsley fue una joven enfermera inglesa que dejó con su vida de naturalista una obra bienhechora cuya memoria se hizo perpetua con la instauración de la Medalla que lleva su nombre otorgandose sólo a aquellos investigadores que se destacan en el campo de la medicina tropical.
El gobierno de Francia en 1908 lo declaró Oficial de la Legión de Honor, concedido por el Ministro de Salud en reconocimiento a su esfuerzo y contribución a la medicina.
Al mismo tiempo el Gobierno Militar de Intervencion en Cuba le nombra de manera vitalicia Presidente de Honor de la Junta de Sanidad y Beneficiencia.
En 1917, el gobierno cubano lo designó como re-presentante al Congreso de Higiene y Demografía de Berlín. Allí tuvo la oportunidad de revivir sus estudios y mostrar la influencia de la temperatura en la propagación de la fiebre amarilla por su acción sobre el mosquito.
En la edición de julio de 1975, la revista Correo de la UNESCO, incluyó al Dr. Finlay entre los más destacados microbiólogos de la historia: Leeuwenhoek, Pasteur, Koch, Mechnikov y Flemming. Pero recordemos que el 25 de mayo de 1981 la UNESCO había instituido por primera vez el Premio Internacional Carlos J. Finlay, con el fin de promover la investigación y el progreso en la esfera de la microbiología –inmunología, biología molecular, genética, etc.– y sus aplicaciones para reconocer avances en Microbiología.
El Estado Cubano hace entrega anualmente de la Orden Carlos J. Finlay a las obras científicas que se han destacado al servicio del bienestar del hombre.
Sin embargo, el más alto Honor conferido al “benefactor de la humanidad” ha sido nombrar y festejar el “día del medico y de la medicina americana” justo en la fecha de su nacimiento.
Panamá honra al Dr.Finlay
El Hospital Santo Tomás de Villanueva
La actuación del Dr. Carlos J. Finlay en el panorama científico
    fue de enorme importancia para finalizar la construcción del Canal de Panamá. 

Agosto de 1924, ...Belisario Porras, -entonces presidente de Panamá- ordena la confección de un busto del sabio cubano el cual sería colocado con honores en la terminada renovación del hospital público situado en Calidonia, Ciudad Panamá, cuya historia se remonta a principio de los años 1700, fundado por el Obispo Juan de Argüelles con el nombre Santo Tomas de Villanueva, y funcionando desde el 22 de septiembre de 1702.
 Dos años después el Club Rotario de La Habana aprueba confeccionar una placa de bronce para ponerla junto al busto del Dr. Finlay, situado frente al edificio del Laboratorio Central del hospital Santo Tomás de Villanueva, tomando esa dependencia, desde ese mismo instante, el nombré del destacado médico cubano.
En la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá, en el parque interior se halla también un busto del Dr. Finlay y una placa en la que se puede leer la siguiente inscripción:
Al insigne científico cubano Carlos J. Finlay. 
Descubridor del agente transmisor de la Fiebre Amarilla. 
Valioso aporte en la construcción del Canal de Panamá. 
Embajada de Cuba. 21 de mayo de 1976.
Museo Nacional de la Historia de las Ciencias Carlos J. Finlay
El actual museo fue fundado en el edificio sede, desde 1868, de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, conocida así mismo como Academia de Ciencias de La Habana.
Esta institución posee un archivo histórico y una biblioteca con más de 100.000 volúmenes además de valiosos do-cumentos y títulos sobre la historia de las ciencias desde mediados del siglo XIX, e instrumentos y objetos per-sonales y una sala de farmacia..
Pero el mayor tesoro del Museo Finlay es poseer el mobiliario original y en el mismo local donde la institución realizaba sus sesiones científicas a las que asistían no sólo los académicos sino también perso-nalidades de la cultura cubana que se interesaban en los temas que allí se debatían entre otros el eminente Dr. Nicolás José Gutiérrez, el ingeniero civil Francisco de Albear, y el naturalista Felipe Poey.
Obelisco Memorial Carlos J. Finaly
Un imponente obelisco de 40 metros de altura –32 mas 8 de base– se erige en el municipio de Marianao, al oeste de la ciudad de La Habana en la intersección de las calles 31 y 100. El obelisco constituye el centro de un artístico complejo arquitectónico formado por edificios que lo circundan, diseñados y construidos por el Ingeniero José Pérez Benitoa con el apoyo de los Ministerios de Educación y las Fuerzas Armadas de aquella época.
Esta obra monumental consiste en una torre realizada a base de Jaimanitas y bronce, descansando en una base de granito negro. Además, posee un original faro que servía de guía a los aviones militares que utilizaban años ha, el cercano aeropuerto de Columbia.  Allí, en terrenos cercanos a ese cuartel, el eminente científico cubano llevó a cabo algunas de sus investigaciones fundamentales las cuales lo llevaron al descubrimiento del agente transmisor de la fiebre amarilla. Es por tal motivo que ese lugar fue el escogido para levantar el obelisco dedicado a su memoria.
El monumento poseé un friso escultórico realizado por los artistas cubanos Navarro y Lumbardo. En uno de sus cuatro frentes tiene una  tarja con la siguiente inscripción: 
“En memoria de Carlos J. Finlay”  
1833 – 1915.
El Obelisco fue inaugurado el 4 de septiembre de 1944. Pero tristemente ha sido más conocido por la población como el Obelisco de Marianao; y así ha pasado a ser un símbolo de ese municipio.






Diciembre 3, 2013




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