24 feb. 2014

Bienvenidos al nuevo desorden mundial

Publicado en el Nuevo Herald en enero 1, 2014


En el 2014 Estados Unidos puede perder el tren de la historia. Y hacer que el mundo descarrile al paso de ese tren.
Desde la Segunda Guerra Mundial, Washington ha actuado como “poder organizador” del orden internacional. Es un papel que, con aciertos y fallos, han ejercido tanto gobiernos demócratas como republicanos, con el fin de expandir democracia y prosperidad por el planeta. La llamada Pax Americana, que ha evitado una tercera guerra o un conflicto nuclear.
Ahora ese principio básico del manual de política exterior está en franco retroceso, a pesar de que la era que vivimos de convulsiones, nuevas amenazas y cambios geopolíticos requiere –más que nunca– un liderazgo responsable (versus un liderazgo zarista “a la Putin”, por ejemplo). Pero la “doctrina Obama” ha reemplazado ese principio organizador por la teoría del “realismo benigno”, según la cual para que aflore un balance de poder internacional lo que tiene que hacer Estados Unidos es apartarse a un lado.
Y apartándose está. En un repliegue de corte neo-aislacionista que tiene jubilosos a rivales y adversarios, boquiabiertos a los aliados, muy preocupados a países que dependen de su protección, y desamparadas a las miles de víctimas de la violencia que mueren cada día en Siria, Sudán, República Centroafricana etc.
El “realismo benigno” retoma la idea utópica de “paz perpetua” que Immanuel Kant creyó posible hace dos siglos. Y que ni lo fue entonces, ni lo es ahora. Lo que hace es alimentar el hambre de dominio de los enemigos del orden mundial, principalmente Irán, China y Rusia. Los dos últimos compitiendo por llenar el vacío de liderazgo que deja la retirada de EEUU.
Tal retirada pacifista no tiene en cuenta las enormes repercusiones geopolíticas.
Sólo se rige por tesis moralistas o legalistas, que le facilitan el actuar aisladamente, caso por caso y tema por tema (derechos humanos, libre comercio, terrorismo o proliferación nuclear), sin tener en cuenta el impacto regional o global, o simplemente qué sucede tras sacar a un dictador (Mubarak), o no sacarlo (Assad). Y en su lugar permite figurarse transiciones imaginarias a la democracia o denominar “primaveras árabes” a convulsiones violentas o luchas tribales. En suma, crear un mundo de ficción, de feel good, a imagen y semejanza de la industria político-periodística de Washington.
Este optimismo miope e ingenuo se ha agudizado in extremis con la actual Casa Blanca, aunque es un vicio derivado del triunfalismo del fin de la Guerra Fría en los 90, cuando se creyó que la democracia, la paz y la prosperidad se esparcirían por el globo por puro contagio. Luego vino el shock del 11 de septiembre, seguido de la también errónea “doctrina Bush” en Irak. Y después de ese trauma (bueno, en Irak no hay un ‘después’ porque siguen matándose), Obama retomó y modificó la hipótesis del contagio democrático espontáneo añadiéndole un peligroso elemento de automarginación del mundo.
Pero la democracia y el orden mundial requieren “man-te-ni-mien-to”. En sus múltiples formas. Comenzando por la persuasión, porque el poder es atractivo, genera una clientela de imitadores de los valores democráticos. ¿A quién va a seguir el mundo si EEUU se retira definitivamente de la escena internacional y pierde influencia política, económica, militar y cultural?
¿Al chino capital-dictador-militarista Xi? ¿Al Islam expansionista shia de Irán o al sunita de Arabia? ¿Al zar Putin? ¿A la floja Europa, sin apetito de liderazgo más allá de sus fronteras? ¿Quizá a Japón, México o Brasil?
Este año que comienza se cumple un siglo de la Primera Guerra Mundial y el planeta no está para fantasías ni correctismos políticos. Hay desorden y poderes destructivos allá donde se mire. Y hay un colapso generalizado de la autoridad central, que había sido el sello de identidad de la Modernidad y que se ha sustituido en muchas áreas del planeta por otros actores no gubernamentales: gansters, grupos radicales transnacionales o tribus.
Vemos un ascenso del populismo (particularmente en Latinoamérica y Europa), del tribalismo (Africa y Asia) y de nacionalismos exacerbados alrededor del mundo. De terroristas, de ciber-criminales, de guerrillas, pandillas y de cuanta lacra ha gestado la Humanidad.
En este momento caótico de la Historia, Washington ha decidido replegarse y renegar de su supremacía. Feliz Año Nuevo.
Periodista y analista política internacional.

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