7 ago. 2012

Cómo se destruye un país.



Venezuela cayó en las manos de un militar despótico, inepto y hablador, que está llevando al caos a ese país suramericano que en otras manos, hubiera podido haberse convertirdo en una gran potencia de la energética a nivel mundial.
Hace alrededor de doce años, el pueblo venezolano ingenuamente depositó su confianza en Hugo Chávez, eligiéndolo Presidente de la República con la ilusión de que este individuo arreglaría los problemas del país. Pero para su desdicha, lo que consiguieron fue poner en el poder a un tirano manipulador, que ha confiscado industrias del sector privado que eran prósperas y generaban no sólo riqueza, sino empleos.
Quien no piense como él, lo considera su enemigo y lo acosa sin piedad, abusando de su poder hasta anularlo.
Más de una década después de la llamada Revolución Bolivariana, miles y miles de profesionales calificados se han hastiado. Multitudes de médicos, abogados, ingenieros, científicos, artistas y altos ejecutivos, entre otros, se han visto precisados a abandonar el país.
De acuerdo a un reporte suministrado por el Sistema Económico Latinoamericano, un Instituto de Investigaciones Intergubernamental, se estima que más de un millón de profesionales han emigrado.
El reporte indica que el enorme flujo de trabajadores altamente calificados aumentó en más del doscientos por ciento durante la última década.
La riqueza de un país no puede ser medida exclusivamente en lo que produce su tierra, sino en la riqueza que representa el capital humano que tenga los conocimientos y la capacidad de explotarla.
El éxodo de cerebros, sumado a  su industria más fuerte, la petrolera, que  ha sido la más fuertemente golpeada,  ha puesto en altísimo riesgo el futuro del país suramericano.
Hace poco más de una década, cuando los precios del petróleo eran muchísimo más bajos que los actuales y Petróleos de Venezuela estaba clasificada dentro de las cinco compañías energéticas más importantes del mundo.
Chávez decidió entonces, nombrar a un profesor universitario, sin ninguna experiencia en la industria energética, como presidente de PDVSA, lo cual dio como resultado que los altos ejecutivos se declararan en huelga  paralizando virtualmente al país. El dictador respondió destituyendo aproximadamente a 22.000 empleados de la noche a la mañana, incluyendo a los más capacitados en la industria energética.
De los 22.000 empleados que quedaron cesantes, más de 4.000 altamente calificados, se encuentran actualmente trabajando en el exterior y esto ha ocasionado que el tremendo déficit de personal especializado haya lesionado la industria petrolera que de 3.2 millones de barriles que se bombeaban diariamente cuando Chávez tomó el poder, ha descendido en casi un millón, según estimados independientes.
Como consecuencia de la alta tasa de desempleo, la delincuencia en Venezuela se ha incrementado a niveles nunca antes vistos.
Una situación similar sucedió con los medios de comunicación que antes de la dictadura eran libres y combativos. En el 2007, Chávez le canceló la licencia de operaciones a la estación líder RCTV, y, desde entonces, amenaza constantemente a la única estación independiente de televisión  que aún funciona, Globovisión.
Mientras tanto, otros países del hemisferio siguen los pasos del dictador venezolano, quien con los miles de millones de dólares pertenecientes al pueblo venezolano, ha comprado las conciencias de varios de los mandatarios de la región en su desenfrenado afán expansionista.  Los de Ecuador, Bolivia y Nicaragua han hecho enmiendas a las constituciones manipulando a la industria y los medios informativos. El de Honduras falló en su intento.
Con su supuesta enfermedad, el mandatario venezolano, ha querido distraer la opinión pública y atraer adeptos, pero ahora que se aproximan las elecciones el pueblo venezolano debe despertar de su letargo.
Aquel que impone sus ideas basado en el poder y la fuerza, es un cobarde.
Esta es la triste realidad.
Jose M. Burgos S.

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