1 ene. 2014

La corrupción en el gobierno

 
   

Por Elsa I. Pardo

Hoy se habla de corrupción política, sobornos, pandillerismo, tráfico de influencia, fraudes al medicare y políticos corruptos. 

Recientemente, varios alcaldes fueron acusados de soborno e irregularidades y están bajo la lupa de la justicia.  Según datos históricos, desde la antigüedad existe la corrupción en el gobierno y en casi todos los países.  Pero, ¿será que la corrupción es innata en el ser humano?

Sabino Perea Yébenes, profesor en la Universidad de Murcia explica en su libro que los romanos tenían un concepto de la política diferente porque lo más importante era el honor. El candidato tenía que tener currículo, educación, experiencia y pertenecer a una buena familia. Pero además, tenía que tener patrimonio, ya que había de presentar una fianza a principio del mandato.  Y cuando finalizaba, se sacaban las cuentas.  Si se había enriquecido, “tenía que devolverlo todo”.  En caso de corrupción, había dos penas muy severas: una era el exilio; otra el suicidio.

Sin embargo, Napoleón Bonaparte le decía a sus ministros que les estaba concedido “robar un poco”, siempre que administraran con eficiencia. Durante el siglo XX, con la llegada del fascismo, comunismo y el totalitarismo, se reforzaron las prácticas delictivas de los gobernantes como parte del funcionamiento del Estado. Pero, en los regímenes democráticos, al recaer la soberanía en el pueblo, el ejercicio del poder tiene que responder ante la nación.

 Opino que la corrupción es una práctica incompatible con la democracia, viola sus principios y lastima profundamente a la sociedad. Aunque erradicar la corrupción es casi imposible, si podemos tomar algunas medidas que pueden frenar algunas  prácticas ilegales  y lograr mayor transparencia.

Nuestro sistema hace casi imposible no regresar favores que se hacen a los políticos durante las campañas políticas por medio de las recaudaciones de campana.  Creo que a nivel local, es importantísimo revisar los reglamentos del condado y las  ciudades para endurecer las leyes, aplicarlas y evitar los sueldos astronómicos y otros gastos abusivos.  Y, educar a todos los niveles, una cultura de integridad, respeto y civismo.





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